La pintura me llegó repentinamente, como de golpe.

Un tronco de árbol

Un tronco de árbol que “funciona” crea distancia con lo humano, y lo atraviesa al mismo tiempo, llevando consigo un pedazo de carne.

Es una especie de cuerpo híbrido, confuso, incierto.

No se sabe lo que es, pero ciertamente comunica.

La fuerza de la sensación y la confusión son el punto de partida.

El resto es el trabajo del pintor.

Durante un viaje en las Puglias italianas, Florent Mabilat descubre viejos arboles de olivos cuya forma y presencia se apoderan de él. El tronco de estos viejos árboles de varios siglos de edad parece funcionar como materia inverosímil, entre arcilla maleable y película cinematográfica, que sería capaz de grabar a lo largo de su lento crecimiento, las emanaciones de vida que los rodea y reproducirlas de un solo gesto.

A partir de esta experiencia impactante, algunos troncos fueron escogidos como soporte de una búsqueda pictórica de una forma de cuerpo capaz de abrir nuevos caminos sensoriales. El formato 195 x 145 fue escogido de manera precisa pues crea, tanto para el que mira como para el que pinta, una relación a escala humana. La realización de los cuadros en series de tres permite explorar enfoques diferentes y establecer entre ellos una relación de juego, eco y tensión.

Shadow

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